Ojalá me equivoque con la Liga Nacional de Rugby

Hace menos de una semana se constituyó la Liga Nacional de Rugby. Una asociación de clubes de División de Honor que aspira a organizar la liga a partir de la temporada 2019/20. La idea inicial es buena, pero, leída la entrevista que su presidente, Macario Hernández, concedió a As, me surgen algunas dudas…

La LNR tiene tres objetivos principales. El primero, a corto plazo, organizar la Liga; el segundo, a medio, «acabar gestionando los patrocinios y la relación con los medios de comunicación»; el tercero, «en un breve periodo de tiempo», la profesionalización del rugby español.

Primero la tirita: la profesionalización del rugby español es necesario si lo que se pretende es que nuestro deporte crezca y poder así competir internacionalmente.

Ahora que  ya tengo la tirita, puedo cortarme: no tengo muy claro que el modelo elegido sea el mejor. ¿Por qué?  Porque ya sucedió antes en otros deportes.

Por un lado vamos a tener un grupo de clubes, privados, que son los principales interesados en profesionalizarse, por lo ‘goloso’ que es en términos publicitarios; por otro, a la Federación, pública, que también querrá su trozo de pastel, además de seguir disfrutando con las ayudas del Estado, claro.

Hernández dice que «no queremos formar un frente de fricción contra ellos ni causar problemas indeseables. Nuestra línea es la colaboración». Pero en cuanto se empieza a hablar de dinero, las cosas se tuercen. No sería la primera vez que vemos que los intereses de empresas privadas no acaban de casar bien con los de los organismos públicos.

Porque los clubes son empresas privadas (no debemos perder este enfoque) y es de suponer que velarán por sus intereses, entre ellos, ganar dinero. Y eso está bien. Y este es un punto de partida para futuras fricciones. Pero no digo futuras dentro de quince años, sino futuras dentro de quince meses.

Esa condición de empresa privada de los clubes también hace suponer que, por más que diga Hernández («no nacemos para ser una contrapartida a las actuaciones de la FER ni tenemos una disciplina de voto»), actuarán como grupo de presión. Algo que sería lógico: tienen más en común dos clubes que un club y una federación.

¿Cuál sería el ámbito de la LNR? División de Honor masculina. La División de Honor B y, sobre todo, la competición femenina quedan fuera del paraguas de la LNR.

Puedo entender que la DHB quede fuera: si es complicado encajar el rugby de primer nivel en el mundo publicitario y en el de los medios de comunicación (especialmente televisivo), meter el de segunda línea se convierte en una tarea titánica. Pero, ¿por qué dejar fuera el femenino?

Cuando se le pregunta si incluirá División de Honor B, Hernández responde que «de momento no parece procedente. Seríamos muchos. No hay una negativa en contra pero creemos que aún no es el momento apropiado».  Sobre el femenino la pregunta es distinta («¿Creéis que este modelo es extrapolable al rugby femenino?») y la respuesta («supongo que sí, claro. Puede ser un modelo para ellas y ojalá lo hagan») suena un poco a un «allá se peinen».

Entiendo que se acaban de instituir y no pretendo que ya puedan ofrecer algún tipo de resultado, pero sí que los objetivos y la ruta esté más clara (más allá de la ya mencionada profesionalización). En general, me da la sensación de que hay más improvisación que planificación; más buenas intenciones que buenas ideas (o, ya puestos, que ideas); más optimismo que realismo.

A grandes rasgos, el modelo propuesto me recuerda demasiado al de la LFP y, la verdad, no me gusta nada. Por más que no quieran ser «un frente de fricción» ni «causar problemas indeseables» tengo la sensación de que serán inevitables. Y que llegarán más pronto que tarde.

Por último, ¿en que lugar deja esto a la Federación? ¿Se quedará, como la RFEF, con la parte amateur, la femenina y la selección? ¿La idea es replicar este modelo? Puede que sea el referente en España y en nuestro entorno, pero hay otros modelos que habría que evaluar en serio y que fomentan la competitividad de todos los participantes y son fuentes de ingresos casi inagotables. ¿Un ejemplo? La NBA. A lo mejor lo primero que hay que profesionalizar es la Federación y que ese sea el camino.

No tengo muy claro que todo esto augure un buen futuro para al rugby español. Ojalá me equivoque y todo sea maravilloso, de verdad. Ojalá dentro de un tiempo me restreguéis (metafóricamente) esto por la cara y me tenga que comer cada una de mis palabras y mis dudas. Ojalá. Pero, de momento, lo que veo es la réplica de un modelo que solo funciona para los primeros equipos de los clubes (y que no beneficia al resto de categorías), un cúmulo de buenas intenciones sin un plan sólido en el que apoyarse y dudas. Muchas dudas.

De verdad que no sabéis las ganas que tengo de equivocarme, pero ya sabéis que el camino al infierno está empedrado con buenas intenciones…

La imagen de esta entrada está sacada del tuit de @TetoTorres68

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